Nuevos Impuestos a Alimentos y Medicamentos Demuestran que los CEOs Pueden Tener Terribles Ideas  Una Propuesta Tan Desagradable que Esperamos no Sea Real

View this post in other languages: English, Português

Opinion

Nuevos Impuestos a Alimentos y Medicamentos Demuestran que los CEOs Pueden Tener Terribles Ideas Una Propuesta Tan Desagradable que Esperamos no Sea Real

By Janet Stolfi Alfano y Joanne Samuel Goldblum

No debería ser una lucha, y ciertamente nada imposible, que las familias puedan satisfacer sus necesidades básicas. Sin embargo, a menudo lo es, y es por eso que existen organizaciones como los bancos de pañales. Mientras pasamos nuestros días tratando que los niños obtengan las cosas que necesitan para prosperar, con demasiada frecuencia vemos a los creadores de políticas formular propuestas que hacen lo contrario. El reporte que el gobernador Ned Lamont considera imponer impuestos a las ventas en comestibles y medicamentos definitivamente cae en esa categoría.

Según el Banco de Alimentos de Connecticut, casi medio millón de personas en nuestro estado padecen de inseguridad alimentaria. Hemos descubierto constantemente que una de cada tres familias se esfuerza por pagar un suministro adecuado de pañales para sus hijos. Ya están tomando decisiones como: ¿Compro paños o mi receta? Una de cada cuatro mujeres y niñas informa que tuvo que prescindir de suministros de su mes porque no podía pagarlos; y una de cada cinco reportan que faltan a la escuela, trabajo o un compromiso similar como resultado.

Connecticut dio un gran paso adelante en la imparcialidad fiscal el año pasado cuando el estado dejó de cobrar impuestos a los paños y productos de higiene femenina. Los legisladores siguieron la lógica de que estos productos eran necesarios y, por lo tanto, no deberían estar sujetos al impuesto sobre las ventas, al igual que estaban exentos los alimentos y medicamentos. Los defensores de las mujeres y niños celebraron, porque la exención de impuestos sobre las ventas redujo los costos y, por lo tanto, puso las necesidades básicas al alcance de más personas que a veces no lo hacen.

Poner impuestos a los alimentos y medicinas sacaría dinero de los bolsillos de las personas que más lo necesitan. Claro, los ricos también compran estas cosas y soportarían parte de la carga de un nuevo impuesto. Pero si ganan $150,000 al año, pagar un 2 por ciento más (la cifra que circula ahora) por sus alimentos y medicamentos probablemente no alterará significativamente su estilo de vida. Pero si percibe $21,000, el salario anual de un trabajador con salario mínimo en Connecticut, enfrentará decisiones imposibles entre cosas como alimentos, alquiler, medicamentos, electricidad y tampones. Esa es la naturaleza de los impuestos regresivos. Se suma al castigo diario de vivir en la pobreza.

La idea de cobrar impuestos a alimentos y medicinas proviene de la Comisión de Estabilidad Fiscal y Crecimiento Económico, un grupo liderado por directores ejecutivos corporativos. Los miembros de la comisión no incluían representantes laborales. No hubo voces de quienes enfrentan barreras para participar en la economía, como personas con discapacidades o residentes anteriormente encarcelados. Los únicos líderes sin fines de lucro en la comisión vinieron de la educación superior y una fundación. Ciertamente, no había nadie en esa comisión que pudiera clasificarse como de bajos ingresos. Tampoco hubo nadie que regularmente esté en contacto con familias que se preocupan por hacer durar sus recursos hasta fines de mes.

La comisión es un lugar sumamente inadecuado para buscar información sobre la economía, ya que solo ofrece una vista desde arriba. En la estratosfera, es difícil ver el terreno, y ahí es donde el dolor se puede sentir en la propuesta. Las personas que están apenas reducirán sus gastos para compensar el aumento de la carga fiscal. Por lo tanto, además de causar dolor y riesgo, cobrar impuestos a los alimentos y medicamentos reducirá las ventas. Esta es la razón por la que la Asociación de Alimentos de Connecticut, que representa a los supermercados, se opone a un impuesto a los alimentos.

La idea de cobrar impuestos a las comidas y medicinas es tan desagradable y tan fuera de la norma nacional que esperamos que no sea una propuesta real. En ocasiones, solo se expresan posibilidades horribles para hacer que una alternativa desagradable parezca relativamente aceptable a comparación. Es como decirle a un niño: “Si no cuidas a tu hermanito durante cinco minutos mientras atiendo esta llamada, tendrás que limpiar el garaje”.

Suponemos que la nueva administración aún está en la etapa de lluvia de ideas cuando se trata de abordar los problemas fiscales de Connecticut. La lluvia de ideas funciona mejor cuando hay diferentes perspectivas en la mezcla. Los ejecutivos corporativos no tienen el monopolio de las buenas ideas. Todos los trabajadores que tienen salarios bajos, reciben propinas, participan en la economía del trabajo, están subempleados o trabajan más allá de su edad de jubilación planificada, todos pueden aportar información valiosa. Los políticos se acercan a estas personas cuando hacen campaña. ¿Por qué no cuando gobiernan?

Janet Stolfi Alfano es directora ejecutiva de The Diaper Bank of Connecticut. Joanne Samuel Goldblum es CEO de la Red Nacional de Bancos de Pañales y de The Alliance for Period Supplies.

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on LinkedIn
February 6, 2019

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *