Connecticut en su Propio Precipio Fiscal

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Connecticut en su Propio Precipio Fiscal

By Keith M. Phaneuf – CT Mirror - Traducción: Jamal Fox

Connecticut se encuentra al borde de una crisis fiscal sin precedentes.

El presupuesto que el gobernador Dannel P. Malloy presentará a la legislatura el 8 de febrero, en un intento por cerrar los déficits de $3 mil millones en los próximos dos años, es sólo un presagio de un desafío mucho mayor y a largo plazo que enfrenta el estado.

Simplemente, está deuda se viene en cantidades cada vez mayores debido al fracaso de 80 años de uno de los estados más ricos de la nación por ahorrar adecuadamente los beneficios de jubilación prometidos a maestros y empleados del estado.

Sobrecargado por deudas acumuladas por generaciones de gobernadores y legisladores, Connecticut, por lo menos por 15 años, probablemente enfrentará un menú sombrío y políticamente peligroso de opciones que podrían cambiar la economía del estado y la calidad de vida.
El costo de pagar $50 mil millones en beneficios de jubilación no financiados, además de otras deudas estatales, está consumiendo una porción creciente del presupuesto, estrujando fondos para el transporte, educación, servicios sociales y, posiblemente, ayuda estatal para los municipios.

Incluso si los legisladores ratifican un nuevo plan el miércoles para extender los pagos ascendentes de las pensiones de los empleados del estado, los costos de las pensiones para maestros y un programa de asistencia sanitaria para jubilados con muy pocos fondos aún amenazan con consumir porciones sin precedentes del presupuesto estatal.

Y eso deja a los legisladores con opciones desagradables.

El desafío se ve agravado por la recuperación económica de Connecticut, que está atrasado no solo a nivel nacional sino por retrasos pasados aquí.

Los funcionarios estatales han aumentado los impuestos tres veces en los últimos ocho años, y están tratando de evitar otra ronda.

Los aumentos a los impuestos son fuertemente opuestos por la comunidad empresarial estatal y otros, quienes afirman que esto crea un pobre clima de negocios y frena el crecimiento económico. Además, desde la última recesión, los aumentos del impuesto sobre la renta, el único motor de ingresos suficientemente grande como para afectar sustancialmente el problema a largo plazo, no resultaron en mayores ingresos que los funcionarios estatales esperaban.

Alternativamente, dado que un gran porcentaje del presupuesto estatal son costos fijos, los grandes recortes discrecionales de gastos serán cada vez más dolorosos, amenazando los servicios para muchos residentes e inversiones en el futuro del estado.

Como parte de la solución, los líderes de ambos partidos están pidiendo concesiones de los trabajadores públicos actuales para ayudar a compensar las decisiones pobres del pasado. Esto ha colocado a los sindicatos, un elemento clave del Partido Demócrata que ha dominado la Asamblea General durante más de tres décadas, en desacuerdo con sus aliados. Los ricos, según los sindicatos, no están pagando su parte justa de los impuestos y los funcionarios estatales deben buscar ayuda allí, no de los miembros de la clase media de los sindicatos.

“Hubiera sido muy divertido” no pagar las facturas

Malloy insiste en que su administración no tiene la culpa de las opciones dolorosas que enfrenta Connecticut.

“La mayoría de la gente cree que yo aumenté los gasto dramáticamente en cosas que ellos ven como gastos opcionales, y nada podría estar más lejos de la verdad”, dijo Malloy a los reporteros del Capitolio a mediados de noviembre cuando empezó a discutir sobre el próximo Presupuesto estatal de dos años.

“Durante el curso de mi administración, hemos tenido que pagar las cuentas de otras administraciones, y eso continúa afectando nuestros gastos”, dijo. “No creo que la gente entienda que la falta de pagos de facturas como deberían haber sido pagadas (en décadas pasadas) ha resultado en las dificultades actuales que el estado de Connecticut está viviendo hoy”.

“Hubiera sido muy divertido ser gobernador y no tener que pagar las cuentas”, agregó, “y sé que otros gobernadores disfrutaron de eso”.

La historia de Connecticut de no ahorrar para los beneficios de jubilación prometidos a los trabajadores del sector público se remonta a 1939, y ha recibido una atención creciente en los últimos dos años mientras Malloy, quien hizo campaña para ser reelegido con predicciones de un presupuesto equilibrado y compromete a evitar alzas de impuestos, no cumplió.

Al mismo tiempo, los funcionarios comenzaron a centrarse en el costo de la fijación de un sistema presupuestario que ha acumulado $74 mil millones en deudas de beneficios de jubilación sin fondos y deudas con fianzas.

En otras palabras, ¿qué hace falta para que Connecticut pague las cuentas de las generaciones pasadas, sobre- infladas con el tiempo, y al mismo tiempo ahorrar para los beneficios de jubilación actuales de los trabajadores para que los futuros contribuyentes no se encarguen de ellos?

Esta pregunta se ha vuelto más urgente, ya que el gobierno estatal se queda sin opciones para pasar los costos al futuro.

Los costos de jubilación superan el crecimiento de ingresos

¿Qué tan grande es el problema?

La respuesta se puede encontrar en sólo cuatro rubros del presupuesto estatal:

  • Pensiones para maestros de las escuelas públicas
  • Pensiones para empleados estatales
  • Atención de salud para los empleados jubilados del estado
  • Y el servicio de deudas de fianzas para proyectos de capital

Hace veinte años, estos cuatro rubros componían el 12 por ciento del Fondo General. El próximo año fiscal consumirán el 31 por ciento.

Beneficios de jubilación y deudas devoran al presupuesto

Y la velocidad con la que estos consumen el presupuesto se está acelerando.

En el año fiscal 2010-11, justo después que terminara la última recesión, estos costos se situaban en poco menos de $3.3 mil millones. Desde entonces han promediado un crecimiento del 10 por ciento anual, y ahora se aproximan a $5.6 mil millones.

Los ingresos fiscales del Fondo General durante el mismo período aumentaron en promedio menos del 4 por ciento anual. Y esto toma en cuenta mayores aumentos de impuestos ordenados en 2011 y 2015.

Si estos promedios crecientes suenan desalentadores, las cosas empeoran para el futuro.

Según analistas estatales, se espera que el crecimiento de los ingresos se mantenga cerca del 3 por ciento por año, por lo menos durante los primeros años de 2020, a menos que la nación entre en recesión.

Los economistas conservadores y la comunidad empresarial de Connecticut dicen que el crecimiento de los ingresos podría acelerarse, pero sólo si el estado puede encontrar una manera de congelar sus gastos y evitar el aumento de impuestos por varios años.

El motor de ingresos de Connecticut está atascado en primera

Según un estudio del Centro para la Investigación de Retiros de Boston College, ambas contribuciones anuales para las pensiones de los empleados estatales y los maestros se multiplicarán por cuatro para principios del 2030, colocando a ambos por encima de los $6 mil millones por año. Están a $1.6 mil millones y $1.3 mil millones, respectivamente, para el próximo año fiscal.

La contribución al fondo de los maestros posiblemente se enfrenta a un aumento del 365 por ciento en 14 años, o un salto promedio anual del 26 por ciento.

¿Por qué se acentúa más el problema en los primeros años del 2030?

Los analistas afirman que aquí es cuando Connecticut habrá cumplido con todas sus obligaciones del pasado y que muchos de los jubilados del período cuando el gobierno estatal no ahorró habrán muerto para entonces.

Los pronósticos de Boston College también se basan en el supuesto de que las inversiones de los fondos de pensiones promediarán un rendimiento anual del 5,5 por ciento durante ese período.

Y mientras que Connecticut supone una tasa de retorno del 8 por ciento en un período de 30 años, al igual que muchos estados, los funcionarios aquí y en todo el país están reconociendo que tales suposiciones son probablemente infladas y poco realistas.

Los críticos en los servicios financieros y los círculos académicos argumentaron que, desde que comenzó la recesión, un mejor objetivo se aproxima al 3 o 4 por ciento, apuntando al rendimiento de bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo.

Moody’s Investors Service propuso una nueva metodología en julio de 2012 que utiliza el retorno de bonos corporativos de alta calidad como su nueva guía, señalando que su rendimiento promedio fue de 5,5 por ciento en 2010 y 2011.

Malloy dice que un acuerdo de pensiones restablece la ‘previsibilidad’

Basado en la proyección de Boston College, los costos de pensiones de los empleados estatales crecerían un 326 por ciento en los próximos 14 años, un salto promedio del 23 por ciento por año.

Pero Malloy afirma que su nuevo acuerdo con los sindicatos, que debe esperar su ratificación por parte de la legislatura el miércoles, quitaría lo doloroso de ese problema, aunque a un costo considerable.

Connecticut reduciría su retorno de inversión asumido a 6.9 por ciento y aún ver su contribución estatal de pensión de empleados subir a $2.2 mil millones en 2022. Pero permanecería cerca de esta marca por otros 12 años, evitando el pico anual de $6 mil millones.

Sin embargo, para obtener este alivio, Connecticut pediría a la generación futura asumir al menos $14 mil millones de las deudas de hoy después de 2032.
El Gobernador Dannel P. Malloy da su discurso estatal sobre el Estado mientras líderes legislativos de cada partido atienden.

El gobernador, en su Discurso estatal el 4 de enero, lo llamó “un acuerdo que hará que nuestros pagos de pensiones sean más asequibles, y sí, más predecibles”.

Sin embargo, otros costos siguen en aumento

Pero, ¿esto hace que el presupuesto general sea “predecible”? O más importante aún, ¿estable?

Incluso si las fuertes contribuciones a las pensiones de los empleados estatales crecieran a un ritmo más lento, los otros puntos calientes del presupuesto estatal aún aumentarían lo suficiente como para causar una importante interrupción fiscal.

Cuando la posibilidad de una contribución anual de $6 mil millones, ya sea para el programa de pensiones para empleados o maestros, aumentó a fines de 2015, el jefe de presupuestos de Malloy, Ben Barnes, dijo que incluso un pago creciente era peligroso.

“No podemos sostenerlo”, dijo. “No podemos sobrevivirlo”.

Defendiendo su plan de reestructuración de pensiones de empleados estatales la semana pasada, Malloy dijo que incluso sus críticos admiten que las finanzas estatales no podrían sustentar los pagos anuales que el sistema requeriría.

“Ninguno de ellos está diciendo que el estado podría pagar $4 mil millones a $6 mil millones por año”, indicó.

 

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February 12, 2017

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