Migrando con la Mente, Dejando Atrás el Corazón

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Columnas, Little Brazil

Migrando con la Mente, Dejando Atrás el Corazón

By Karla Rensch

“Es una migración incompleta que rompe el corazón y alma en pedazos”. Así fue como María do Socorro dos Santos, una brasileña de Governador Valadares del estado de Minas Gerais, describió su experiencia en EE. UU., una tierra que ella define como bendecida y llena de oportunidades.

La historia de vida de dos Santos es una entre miles de personas que lloran en silencio. Son los inmigrantes brasileños que llegan a Estados Unidos trayendo no solo su equipaje, sino también muchos sueños y esperanzas para construir una mejor vida. Sus corazones, sin embargo, están destrozados porque, además de los recuerdos arraigados en Brasil, dejaron allí una gran parte de sí mismos, esperando mejores días para sus hijos. Son valientes y, sin embargo, sufren porque han cruzado las fronteras dejando a sus hijos al cuidado de sus seres queridos en otro país.

La cantidad de padres que llegan solos a Estados Unidos, sin sus regalos más preciados, sus hijos, es significativa y ha aumentado gradualmente. Los padres migran por diferentes razones. La falta de seguridad y el acceso a la educación se encuentran entre los más citados.

Rogerio Silva, de Paraíba, Brasil, por ejemplo, dejó a sus cuatro hijos con su esposa y vino a los Estados Unidos. Él creía que, al migrar solo, sería más fácil crear estabilidad de vida. Encontró un trabajo y un lugar para vivir, y obtuvo muebles para su casa, solo lo esencial, sin lujos, la mayoría de los cuales fueron donados. Después de tres meses, logró ahorrar suficiente dinero para comprar boletos de avión para su familia. La ironía de su destino es que, cuando trató de llevarlos a los Estados Unidos, se les negaron las visas a su esposa e hijos. Eso sucedió hace seis años y hasta ahora siguen Brasil.

Patricia de Moraes, una Catarinense (de Santa Catarina, Brasil), también emigró sola con su esposo. Ella cuenta que aterrizó a este país llorando pero que estaba decidida a construir un futuro mejor para su hija, que en ese entonces era preadolescente. Y lo logró. Ella comenzó limpiando casas mientras su esposo trabajaba en la construcción. En seis meses, sus vidas se mantuvieron estables. Agregó que esperó para ganar suficiente dinero para alquilar una casa en un distrito con una mejor escuela. Luego, trajo a su hija a los Estados Unidos. Ella se graduará de la secundaria al próximo año.

En cada comunidad inmigrante, hay muchas historias diferentes que contar: viajes de vida similares que se repiten sin importar la nacionalidad de los personajes. Algunas historias tienen un final feliz; otras no tanto. Es común ver a las familias llorar en silencio porque extrañan a sus seres queridos, pero eligen, a pesar de su dolor, mantenerse alejados de su país de origen, ya que allá no pueden sobrevivir con dignidad, mantener a sus hijos o garantizar su seguridad y acceso a una buena educación y salud.

Estas historias representan una de las muchas facetas tristes de la migración. El tiempo pasa y los padres escriben las historias de sus hijos. Sueñan con el día en que puedan reunirse y sentir sus cálidos besos y fuertes abrazos aquí en los Estados Unidos o en su país natal.

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August 1, 2018

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