¿Por qué Están Todos tan Aterrorizados Excepto Yo?

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¿Por qué Están Todos tan Aterrorizados Excepto Yo?

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En pocas palabras, muy a menudo nos vemos atascados y frustrados por las cosas pequeñas. Lo cierto es que como seres humanos no nos enseñan a cómo ser emocionalmente inteligentes. Piénsenlo: en la escuela aprendemos a leer y escribir, estudiamos diferentes tipos de ciencias, aprendemos sobre nuestra historia y la del mundo, y por supuesto aprendemos matemáticas. Sin embargo, no nos enseñan a reconocer nuestras propias emociones.

 
Después de más de una década involucrado en el autodesarrollo, primero como estudiante y luego como entrenador, no creo ni por un segundo que tener la capacidad de diferenciar entre los sentimientos, etiquetándolos apropiadamente y usar esta información emocional para guiar nuestro pensamiento y comportamiento sea superfluo. Es asombroso que como sociedad aún no lleguemos a la conclusión de que conocernos a nosotros mismos es algo fundamental para vivir mejor y adaptarnos a nuestro mundo en constante cambio.

 
Cuando era niño, solía ser muy rígido con las reglas, tanto con las que heredé de la sociedad que me rodeaba como las que yo creé para mí. Pensaba “permanece en tu carril, no sobresalgas.”
A medida que crecí, y me hice más sabio, me di cuenta de que como hombre gay, mi propia existencia me haría destacar por defecto. Aprendí a juzgarme menos a mí mismo, y a otros, y tener más compasión por donde estamos y los diferentes niveles de conciencia, especialmente la autoconciencia.

 
Para mí, el desarrollo de la inteligencia emocional es como ducharse: lo hago cada día. Este hábito me ha ayudado en todos los aspectos de mi vida. Ahora entiendo mejor los pensamientos que tengo, a la pequeña voz dentro de mi cabeza, cómo atraer o repeler a la gente en mi vida, y lo más importante, la fuente de mi baja autoestima. Esa fue una enorme sombra que me cubrió por más tiempo del que puedo recordar.

 
El modo en el que solía pensar hacía difícil encontrar algo que pueda apreciar dentro de mí. En otras palabras, mi negatividad ensombreció a todo lo que podía considerar una cualidad. Había entrenado a mi mente a enfocarse en lo que estaba mal o en que fallaba. Mis acciones respaldaban eso: para el mundo exterior yo era un joven lleno de potencial para ser grande, mientras que para mí, el hombre que me miraba al espejo era un perdedor.

 
Es muy gratificante poder discernir entre lo que la gente dice y hace. Confíen en mí, una vez que puedan notar la discrepancia entre uno y el otro, comprenderán que el comportamiento siempre nos dice quiénes son realmente, incluso si sus palabras sugieran lo contrario.

 
Hoy en día, estoy muy enfocado en lo que sale de mi boca y en cómo mis acciones se alinean o no con eso. Cuando van juntos, ¡genial! Cuando no lo hacen, significa que sería mejor detenerme, reevaluar la situación y luego actuar en consecuencia.

 
Como Sócrates dijo una vez: “La vida no examinada no vale la pena vivir”.

 

Eric Faria es un entrenador de Inteligencia Emocional. Ha participado en capacitaciones de auto-desarrollo desde el 2005, utilizando estas herramientas en su entrenamiento profesional. Se graduó de un programa de la Federación Internacional de Entrenadores en enero de 2014. Eric vive en Connecticut, y además de trabajar con clientes privados, da charlas motivacionales. Para más información, o para comunicarse con él, envíe un correo electrónico a eric@ericfaria.c

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May 14, 2017

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