Series del Sueño Americano La Historia de Fernando Barahona

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Series del Sueño Americano La Historia de Fernando Barahona

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Nuestro entrevistado de hoy es Fernando Barahona, originario de un pequeño pueblo ubicado en la Sierra del Ecuador llamado Guaranda. ¿Puedes contar a nuestros lectores como lograste el sueño americano?

“Debo decir que inició con mi padre. Cuando yo tenía tan solo siete años viví la división familiar, pues él emigró a Estados Unidos a trabajar para sostenernos económicamente. Cuando cumplí veinte años, mi padre dejó de ayudarnos y me tocó ser la persona responsable por mi madre y hermana menor. Estando en el quinto semestre de la Escuela de Medicina de la Universidad Central del Ecuador en la ciudad de Quito me di cuenta que mis problemas familiares y la falta de dinero estaban truncando mi sueño de ser médico. Fue entonces cuando decidí venir a Estados Unidos con la firme convicción de traer a mi madre y hermana en busca de un futuro mejor.

El inicio fue muy difícil, llegué a vivir con otras nueve personas en una misma casa, a veces no estaba seguro si al siguiente día tendría comida suficiente. En ocasiones sentí desesperación pensando si existiría un fondo para mi situación y hasta apliqué para prestar servicio militar pensando en el seguro de vida que ofrecían. Poco a poco mi situación laboral mejoró e hice cuanto trabajo se presentaba: sembrar árboles, jardinería, mecánica, empujar coches en supermercados, colocar comida en anaqueles, en fábricas, trabajaba más de 80 horas semanales. Ahorré lo suficiente y traje a mi madre y hermana. Entonces mi madre con la generosidad y la sabiduría que la caracteriza me aconsejó que regresara a Ecuador a terminar mis estudios y así lo hice. Fue complicado, pues me lo mucho que mi madre trabajaba para ayudarme en Ecuador. Trabajaba haciendo turnos en una clínica las noches y estudiaba al mismo tiempo, para hacer que su carga sea menos pesada. Luego me gradué; pero me di cuenta de que ganando un salario de ciento treinta dólares al mes no llegaría lejos en mi país y fue entonces cuando nuevamente puse los ojos en este grandioso país. Sin embargo, no fue fácil ya que validar el título de médico es un proceso largo y costoso. Muchos me dijeron que era imposible, que los médicos hispanos tardaban hasta cinco años en aprobar los exámenes, que debía ir de nuevo a la universidad aquí o pagar un curso de preparación. Investigué los costos y me di cuenta de que no estaba a mi alcance. Entonces empecé a usar el programa Ellis en la biblioteca pública de Stamford para mejorar mi inglés.

Apliqué en muchos hospitales esperando un trabajo de camillero, para sacar sangre o incluso de limpieza. Estaba dispuesto a hacer lo que sea con tal de poner mis pies en un hospital. Un buen día me llamaron del Hospital de Danbury en donde apliqué para un trabajo y al final, luego de ver mis estudios, me dieron uno con mejor remuneración dentro del laboratorio. Fue ahí donde conocí al Doctor Juan Merayo quien me dio una idea más clara de lo que debía hacer. Fue una luz en el túnel. Él, siendo un médico originario de la Republica Dominicana, había logrado validar su título en EE.UU.

Luego de ahorrar el dinero suficiente para el proceso de revalidación decidí renunciar y tomarme el tiempo necesario para estudiar por mí cuenta y aprobar los exámenes que se suponía eran imposibles. Me tomó nueve meses. En ese periodo más que nunca descubrí que cuando las personas te dicen ‘no puedes’, ‘tu idioma no es bueno’, ‘existen muchos esperando la misma oportunidad’, ‘eres hispano’ y un sin número de comentarios negativos, etc… depende de ti el tomar todo eso y convertirlo en determinación. Pensé en mi madre que lo dio todo por mí, eso me dio fuerza y voluntad para lograr mi meta.

Pasé los exámenes necesarios, y fue ahí cuando me di cuenta de que esa no era la etapa más difícil. Anualmente unos cuarenta y dos mil médicos de todo el mundo aplican, pero solo existen diecinueve mil puestos para hacer postgrado, otro puente para lograr mi sueño. Aunado al hecho de que te dicen que debes hacer por lo menos doscientas aplicaciones y cada una cuesta dinero que yo no tenía. Efectué diez aplicaciones solamente y me llamaron entonces del prestigioso Hospital Monte Sinaí de Nueva York, éramos veinticinco nuevos médicos, siendo yo el único hispano. Me esforcé el doble, sabía que debía destacar, pero también sabía que debía buscar la manera de servir a mi gente: aquellos que solo hablan español. Entonces pedí ser transferido al hospital Elmhurst de Queens.

Una vez terminado mi postgrado, la Universidad Seton Hall me escogió para hacer una subespecialidad. Hoy en día cuento con mi certificación nacional en Medicina Interna, Enfermedades Infecciosas y manejo del VIH. Pero lo que más me llena de orgullo es que abrí mi propia practica en la ciudad de Stamford, para ayudar a quienes solo hablan español y muchas veces no tienen como pagar los altos costos de una consulta médica. Mi sueño de ser médico desde el principio fue por la vocación de servir y por comprobar que, tanto en la vida como en la Medicina, nada es absoluto, y eso produjo un cambio en todos los aspectos, incluso en lo económico. Siempre agradeceré a mi madre y familia por su apoyo.”

¿Cuál sería tu mensaje final? “El sueño americano está vigente, es difícil pero no imposible, en base a estudio, trabajo y determinación muchos sueños pueden convertirse en realidad.”

María Danniella Gutiérrez-Salem ejerció derecho en Venezuela antes de ir tras su propio sueño americano y convertirse en escritora en los Estados Unidos. Ella también es una agente con licencia de bienes raíces, y puede contactarse con ella en maria@ctdreamhouse.com o llamando al 475-289-1461.

Caption: Fernando Barahona y su madre, Cira Gavilanez

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October 10, 2018

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